

Detalles de un viaje a diario, que no de un diario de viaje. Sin orden cronológico ni jerárquico.
Alojarse en el hotel de sal,
entre paredes blancas…
A esta altura no hay arboledas:
las puertas son de porosa madera,
el corazón de los cactus gigantes
que por aquí proliferan.
Camas, mesas y sillas
tienen sabor de vida.
Son los muebles de sal
y de piedra la chimenea,
impresiona tanta materia fría
hasta que el fuego y la cena
todo el interior caldea.
Y fuera,
la noche limpia plagada de estrellas
sobre el Salar refleja una luz nueva.